Un gran farsante en La Latina
Cuenta la leyenda que sobre el siglo V a.C. había dos pintores griegos que intentaban competir para demostrar cuál era el mejor en artes pictóricas. Un día Zeuxis y Parrasios hicieron una apuesta con la que decidirían quién realizaba una pintura más realista.
Zeuxis fue el primero en acabar. Su obra se componía de unas uvas tan reales que los mismos pájaros acudían a ellas a fin de poder comérselas. Obviamente, al poco se marchaban aleteando atontados tras chocar de lleno contra las falsas uvas.
Por su lado, Parrasios realizó una composición en la que presentaba una cortina en primer plano. Cuando le pidió a Zeuxis que corriera la cortina para ver lo que había detrás, el muy inocente se percato de la farsa. ¡Qué tonto había sido! Parrasios había ganado la apuesta al haber engañado tan sutilmente al ojo humano.
Pero la verdad es que Zeuxis hay muchos por el mundo y miles de años después los “trampantojos”, nombre que se le ha dado a esta trampa para el ojo humano, siguen siendo igual de traicioneros para la mayoría de nosotros.
No hace mucho caminaba un niño con su madre por la Plaza de los Carros. “¿Mamá, quiénes son esos señores que siempre están ahí?”, a lo que la madre respondió riéndose “Son dos vigilantes que controlan si los niños que juegan en la plaza se portan bien”.
Pues esos dos vigilantes no son más que parte del considerado el mejor “trampantojo” de Madrid. Algunos vecinos incluso les conocen ya como “los pacos” y según afirmaba su autor, Alberto Pirongelli, en una entrevista al periódico ABC, eran dos vecinos que estaban tan entusiasmados con la obra que ellos mismos le solicitaron un hueco en el trampantojo.
En 25 jornadas acabaron el trabajo. El resultado sería una pared exactamente igual que la fachada real del edificio (incluyendo la misma cantidad de balcones, misma tonalidad y dimensiones, etc) y tres comercios en la parte inferior de la medianería. Según parece eran muchos los que allí acudían con la intención de comprar o sacar dinero del cajero de Ibercaja falseado por Pirongelli. Sin embargo, atrás quedaron esos tiempos en los que el trampantojo de la Plaza de los Carros era causante de mofa y diversión para los viandantes. Nuestra “farsa” más real se ha visto cegada por diferentes grafitis que han logrado ocultar casi completamente la parte inferior de la pared.
En cualquier caso, debemos caminar con los ojos bien abiertos porque no es el único del barrio que nos la puede dar con queso. Farsantes, señores, hay en todas partes.


















El Ayuntamiento pasa de todo. Y los autores de los graffitis unos incívicos. !que pena que no les pongan a limpiar toda la guarreria que hay en el barrio! por lo menos harían algo útil, y a lo mejor terminarían tan cansados que no les quedarían ganas de seguir ensuciando
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que bonita historia …. gracias, Rocío y gracias Somos La Latina ….
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Un buen mural, y una pena lo de los grafitis que ensucian de forma incivica la fachada. También una pena que el ayuntamiento no ponga cartas en el asunto y se intente recuperar lo que habia, quedaría mucho más bonito.
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