• Un Rastro de sangre

    5 julio 2010 escrito por Rocio Andrés 

    Imagen del Rastro en 1929

    Ayer vi el Rastro de otra manera. Lo miré desde sus orígenes hasta ahora y lo vi pequeño y un poco raro.

    Para entender el porqué, debo contaros lo que mis ojos saben, que por vieja, es más de lo que saben los ratones coloraos.

    Corría el s. XIV y los “ropavejeros”, vendedores de ropa vieja y usada, ocupaban la calle de los Estudios. Eran puestos destartalados, improvisados y también miserables que alcanzaban hasta lo que más tarde se conocería como la plaza de Cascorro. Son tiempos de remiendos y de hambre, cuando no, de enfermedades.

    Pero la actividad comercial no había hecho más que empezar y en el s. XV mataderos y tenerías de pieles comienzan a instalarse en la calle Ribera de Curtidores. La venta de carne al por mayor trae consigo el ajetreo, el regateo y la muchedumbre a la que hoy estamos acostumbrados.

    El Rastro en la actualidad puede congregar a unas 100.000 personas cada domingo

    Aunque el olor de las reses muertas debía ser tremebundo, el reguero de sangre que dejaban al ser arrastradas nos legó el término con el que hoy conocemos al mercadillo más importante del país: el Rastro.

    Desde entonces por allí pasaron otros dos mataderos diferentes, que fueron remodelados en diversas ocasiones hasta ser trasladados al barrio de Legazpi en 1928.

    Lo que sí continuó fue el Rastro, cuya actividad comercial abarcaba negocios de muchas clases: carnicerías, zapatos, correajes, bastos y monturas, productos derivados del sebo (velas, cirios y candelas), herramientas, tahonas, etc.

    Ya en el s. XVIII se alejan las tenerías de la zona para prevenir problemas de contaminación del agua del río Manzanares, pero el cambio más importante se producirá un siglo después, cuando el Rastro se desliga completamente del matadero y comienza su propia gestión: mientras algunos puestos continuaban activos durante la semana, los domingos por la mañana se multiplicaban, añadiéndose venta de libros antiguos, muebles, alhajas, etc.

    La plaza de Cascorro

    El radio comercial comprendía la plaza de Cascorro, Embajadores y Puerta de Toledo. Había puestos por doquier, todo eran trapicheo, picaresca y gangas, desordenado y caótico como es en esencia.

    Así hasta los años 90, momento en el que si bien se eliminaron completamente los puestos permanentes que vendían de martes a sábado, los domingos también se redujo notablemente la cantidad de negocios y se impuso una contribución anual para los vendedores.

    En los últimos años, la situación se presenta incierta para los comerciantes. Esta vez luchan por un plazo de 15 años para conservar sus puestos en el Rastro.

    Ayer vi el Rastro de otra manera. Lo vi más ordenado que nunca.

    Comentarios

    Un comentario en “Un Rastro de sangre”
    1. Jorge dice:

      El rastro es algo carazteristico de Madrid. Es algo que se debe proteger y mejorar. Pero sin embargo, desde que llegó Gallardón al ayuntamiento se ve cada vez más amenazado.

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