• Tras el Rastro del barquillero

    7 julio 2010 escrito por Rocio Andrés 

    Fernando, el barquillero más castizo del Rastro

    Últimamente se me olvida que me hago mayor. Los días se me resbalan y me esquivan. Puede ser que vayan dos o tres pasos por delante de mí o puede que yo sea muy lenta. La mayoría de las veces me doy poca cuenta o le resto importancia, pero, a veces, me canso  e intento salir en su busca. Entonces, me lanzo a las calles de la Latina, a cruzar esquinas, a coger atajos, a asomarme a balcones. A ver qué veo.

    Los domingos permiten eso y mucho más. El Rastro es un foco de historias y recuerdos, con firma y dueño. Hoy, bajando Ribera de Curtidores, me he encontrado con una…

    Se oye el clic-clac de una barquillera. Me doy la vuelta y veo a Fernando, con su aire atrevido, su gorra típica y su chaleco de barquillero. Pero qué chulo es: “Soy más famoso que el Avecrem”, oigo cómo le dice a un cliente.

    Lleva ocho años vendiendo barquillos en el Rastro, aunque es también habitual de la calle Preciados y otras zonas del centro, como el Palacio de Oriente, la Catedral de la Almudena o el Retiro.

    No es que sea el único, pero sí inconfundible. Tiene ese aire de chulapo contento. Mientras hablo con él, los clientes no cesan de comprarle obleas y barquillos: “Tome señora y recuerde: la servilleta no se come”. No puedo evitar sonreír sabiendo que Fernando son todos los barquilleros de Madrid.

    Un barquillo a 1,20 o si lo prefieres una bolsa variada a 6 euros”. De canela, de menta, de vainilla…me va dando a probar y el azúcar me devuelve una Latina de organillo y verbena.

    Cuenta que tiene todo tipo de clientes en la Latina y presume de público fiel. Le pregunto entonces por su favorito: “Hay un hombre que viene todos los domingos a comprar barquillos para su madre. Se los lleva después a la residencia de ancianos, donde pasan todo el día juntos”. A Fernando le enternece saber que hay gente para la que no hay mejor manera de pasar un domingo que comiendo sus barquillos.

    Desde el barrio de Carabanchel, donde vive Fernando, a la Latina hay ocho paradas de metro. Ocho estaciones portando la barquillera con su sonrisa de soltero castizo. La misma que utiliza con las clientas y la misma que hace reír a carcajadas a las vendedoras de los puestos vecinos: “Esta que vende a mi lado es mi novia… te lo juro por Arturo que en mi casa no hay pan duro”.

    Todas las clientas quieren tener una foto con Fernando

    Días de Rastro, como hoy, comienza a trabajar sobre las siete de la mañana y suele acabar hacia las tres de la tarde. No le parece un trabajo duro: “Vengo a ganar unos 100 euros cada domingo y son sólo cuatro al mes, ¿cómo voy a quejarme?”.

    De lo que sí se queja es de la lluvia, la peor enemiga del barquillo: “Esos días son los peores. Si empieza a llover, hay que recoger las cosas e irse a casa”.

    Para jugar al juego del clavo se debe girar la ruleta de la barquillera

    Cuando le pregunto por cómo se hacen los barquillos, no sabe muy bien qué responder: “Pues en unas planchas…y no se mucho más, lo de hacer barquillos no es lo mío”. Y es que para eso ya tiene a su proveedor y amigo, Julián Cañas, perteneciente a la quinta generación de una familia que llevan desde el siglo pasado en la profesión, barquilleros de toda la vida y los únicos fabricantes que quedan en Madrid.

    Para Fernando, su amigo y él se complementan a la perfección. Mientras Julián elabora los barquillos, él puede disfrutar de las calles, de la gente, del Rastro, del juego del clavo… un juego donde el cliente gira la ruleta de la barquillera una y otra vez y espera a que llegue su suerte, acumulando barquillos o perdiéndolos. Antiguamente, era tan popular que los madrileños apostaban grandes cantidades de dinero.

    Hoy en el Rastro seguía sonando esa barquillera. Recuerdo que yo también jugaba al clavo. Y recuerdo mis días de barquillos. Lo recuerdo ahora, gracias a Fernando.

    Comentarios

    6 comentarios en “Tras el Rastro del barquillero”
    1. felix organillero dice:

      Tengo cinco organillos si alguien esta decidido,a reunirnos a tocar en la calle de las ciudades de España la ruta del organillo y el barquillero , que estuviesen algun dia, junto al barquillero y todos los que nos podamos reunir, tocando las melodias de nuestros,inolvidables Organillos.Se que es dificil pero no imposible . Soy de valencia mi tel/ 606555407, Tenemos que hacer ,una asociacion,o un club´saludos a los amantes del Organillo.

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    2. malakay dice:

      Espero que cuando te vuelvas a lanzar a las calles de la Latina, a cruzar esquinas, a coger atajos y a asomarte a balcones a ver qué ves, me encuentres a mi para buscar esos días resbaladizos juntos. Es un artículo precioso Rocio.

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    3. requetebonito dice:

      este artículo debería de ganar el premio Pulitzer!

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    4. carmen dice:

      ¿que la servilleta no se come? no puedo creerloooo

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