Juan Pablo II heredó un piso en La Latina
A veces, en la vida, suceden cosas tan contradictorias como esta historia. Corría el año 1999 cuando una pareja homosexual, Alberto y su ex, que vivían en la calle de La Paloma, subieron a alertar al vecino de arriba de la existencia de unas humedades que estaban afectando al piso en que ellos vivían. Al no vivir nadie en ese domicilio, decidieron recurrir al administrador de la finca, quien les remitió al Nuncio Apostólico en España, representante de la Santa Sede en nuestro país, como la persona que gestionaba dicha vivienda.
Monseñor Lajos Kada, Nuncio Apostólico en España en aquella época, envió a su chófer para que les abriera la vivienda. Una vez allí, el mismo chófer les informó de que dicho piso era propiedad de Juan Pablo II. La antigua dueña, la Sra. Patrocinio, se lo dejó en herencia a Carol Wojtyla.
Sin haber salido de su asombro, el chófer del Nuncio Apostólico les preguntó si les interesaría comprar dicha vivienda. Sin pensárselo dos veces aceptaron la oferta, ya que, según Alberto, “fue un chollo”.
Los trámites de la compra fueron realmente fáciles. Acudieron a la Nunciatura y allí mismo les tenían preparadas las escrituras para firmar. A la vez que ellos compraban la vivienda a Juan Pablo II numerosas personas realizaban el mismo trámite.
Ante lo insólito de esta noticia, cabe plantearse cómo la Iglesia Católica, contraria al movimiento homosexual, les vendió esta vivienda sin ningún tipo de miramiento. Según Miguel Ángel, Presidente del Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid (COGAM), “el negocio es lo que es”.
Sin duda toda una contradicción.



















Un ejemplo de la tolerancia de la iglesia, que le vendio el piso a estos chicos aunque vivían en pecado mortal, si es que Juan Pablo II era un santo!
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a lo mejor también le apetece vender el vaticano a unas lesbianas…
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qué exclusivón!!! la escritura!!!
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Esta historia es buenísima…!!!
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Yo no salgo de mi asombro con esta historia, la verdad… la jerarquía eleciástica no va a dejar nunca de sorprendernos!
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