Por un mundo mejor
Junto a un hotel de tres estrellas donde se alojan muchos de los turistas con ganas de conocer Madrid o famosos que tienen sus funciones en el Teatro Haagen Dazs se encuentra este lugar. Es uno de los reductos del barrio donde los más desfavorecidos pueden empezar el día con un buen café con bollos. Se trata del comedor social gestionado por Fundación Real Congregación de Esclavos del Dulce Nombre de María.
Desde 1611 y gracias a un religioso trinitario el comedor empezó su andadura y casi 400 años después sigue atendiendo a 360 personas a diario. Con la ayuda de 240 voluntarios las personas sin hogar o con escasos recursos que allí acuden pueden tomar café con bollos, chocolate, leche y además llevarse un bocadillo para el mediodía.
Paulino Alonso es el coordinador del centro, cada día pone todo su cariño en manos de los desfavorecidos. Él lleva gestionando el centro desde 1992, momento en el que acabaron las obras de rehabilitación del edificio.Trabaja mano a mano con voluntarios del barrio y de otros lugares de la ciudad para que todo el mundo tenga su taza de leche caliente a primera hora de la mañana.
Paulino cuenta que “la gente que suele ir al centro son personas mayores, con pensiones bajas que no pueden mantener su propia vida, drogodependientes, personas con sida y muchos inmigrantes que buscaban un futuro mejor y se han quedado a las puertas del “edén”.
“Ahora la situación se ha agravado por el momento económico que estamos viviendo y mucha gente que nunca se vería pidiendo un poco de leche caliente viene a desayunar o a coger un bocadillo para comer a media mañana”, comenta Paulino.
El centro se financia gracias a los donativos de los particulares, personas que quieren dar un poquito de lo que tienen y hacen posible que a diario se puedan ofrecer 100 litros de leche, 200 barras de pan o 1000 galletas.
Los voluntarios van a las 8 de la mañana, preparan todo y a las 9 abren las puertas de su pequeño paraíso para que las personas entren en 5 turnos de 72 personas y así almuercen con tranquilidad y espacio. “Después de tanto tiempo pasaron por aquí infinidad de personas, muchas tuvieron suerte y salieron de la calle, incluso a menudo pasan por aquí a hacernos una visita, otras desaparecieron sin volver a saber de ellas y otras, desgraciadamente, tuvieron un final más trágico”, dice Paulino con resignación.
Lorena Castelo


















que bien ser bueno siiii
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y qué bien nos vendrían más Paulinos en Madrid…
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Que penita… Menos mal que todavía queda gente buena en el mundo.
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